miércoles, 14 de marzo de 2012

Cerrar los ojos bajo el sol.


Me gustan sus labios a contra luz, opacos. El incendio que es su pelo suelto bajo el ardiente sol. Sus mejillas absolutas cuando le digo “te quiero” sin dejar de mirar sus ojos.
El silencio que hacemos cuando el sol está en su punto más romántico y tranquilo: cuando está muriendo.
Los benditos ríos que corrieron entre las piernas de sus antepasadas hasta llegar a ella.
El atuendo que sus padres eligieron para presentarla al mundo. Sus uñas de improviso. Mis manos después de sus besos. Mi locura cuando se pinta los labios.
Amo cuando se atreve, me sonríe, me atrae…
El ruido, el improviso, el desasosiego. Todo lo que estalla. Esta cárcel invisible que nos aleja. El planeta que le sigue a éste. La luna cuando es nueva. La impaciencia. La frontera entre el país de las promesas muertas y los sueños sobre el futuro. Su zaguán. Su impaciencia. Las colillas de los cigarros.
Cuando la odio, cuando se va, cuando no le importo.
Lo fugaz.
Me gusta la tranquilidad de cuando estoy con ella. El silencio de cuando nos decimos a los ojos. El eco de nuestros suspiros. Cambiamos de tono, estamos serenos pero la chispa de la intranquilidad arde siempre entre nosotros.
El color de la sangre, de los tormentos mentales, de la desesperación, de su cabello, de sus mejillas, de sus labios, de la vida que brota entre sus piernas largas.
ROJO.






viernes, 6 de enero de 2012

Me remito a esa frase:
Vendré a visitarte.
Aquí nada se ha movido,
todo permanece.
Pero no llegas.
Yo te espero.
Aquí hay algo que está mal.
Quizá confundí todo.
Y por eso, tú y yo no nos entendemos.
Mal interpreté. Quizá.
Los gatos son de la noche y de la luna.
Los gatos no se entienden con el sol.
El sol mira a los gatos, igual que a otro animal.
Y por eso, tú y yo no nos entendemos.
Porque no soy luna, ni noche.
Porque yo no soy un gato.
Desde la sábana
hasta mi mejilla.
Me remito a ti.

miércoles, 10 de agosto de 2011

A veces voy, a veces viene... a veces. sólo nos llamamos.

AMOR DE TARDE
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico. 


  

sábado, 6 de agosto de 2011


Viajo en metro, vuelvo a la hora en que todos regresan, pero no vamos más que dos, quizá tres: yo y la multitud.

En las ciudades grandes se pierden personalidades; todos caminan ante mis ojos como hormigas, no veo diferencia entre uno y otro. 

Trato de ver a las “mujeres” pero todas son una, llevan faldas todas, medias todas, suéteres de abuela todas, flores todas, y son una; una masa sin chiste.

viernes, 24 de junio de 2011

Si por un instante
te supiera mía,
tardaría nada, colocarme entre tus piernas;
y reivindicarlo.

-Liam

jueves, 23 de junio de 2011

Tu boca es poesía vertical.

Tus piernas son hiel,
y mis manos locura, cuando
recorren, mariposa, tu cuerpo
de tulipanes.
Tu corazón late en mi pecho,
déjame inundarte de lujuria con mis besos,
déjame descasar en tu pecho;
después de demostrarte amor,
con la lasitud del cuerpo. 


-Liam